Bailarina y cantante de Flamenco, conocida como la mejor bailarina de Flamenco de todos los tiempos.
Carmen Amaya nació en Barcelona, España, en el seno de una familia de gitanos Romani. De pequeña, aprendió a bailar con su madre y su tía. Cuando sólo tenía 4 años, empezó a acompañar a su padre en sus actuaciones en bares y clubes. Después del espectáculo, recogía las monedas que el público tiraba al suelo. A los 6 años, llamó la atención de un empresario del espectáculo que la contrató para actuar en lugares más respetados, como el Teatro Español. El público la adoraba, y pasó a ser conocida como La Capitana.
En 1929, Amaya, de 16 años, actuó en la Feria Internacional de Barcelona ante Alfonso XIII, el rey de España. Una reseña elogiosa sobre ella en el periódico Mirador la hizo famosa en todo el país. Durante los años siguientes actuó en las salas más prestigiosas de España, como el Teatro de la Zarzuela y el Teatro Fontalba, y en películas, como el musical La Hija de Juan Simón.
En julio de 1936, Amaya, de 23 años, y su cuadro (una compañía de músicos, bailarines y cantantes) actuaban en Madrid cuando comenzó la Guerra Civil española. Consiguieron cruzar la frontera hacia Portugal y de allí a Buenos Aires, Argentina. Allí siguió actuando y, tras 9 meses, se embarcó en una gira de cuatro años por Latinoamérica. En 1941 llegó a Estados Unidos, donde la fama y la reputación de Amaya siguieron creciendo. Actuó en el Carnegie Hall, fue invitada a participar en varias películas de Hollywood y en la Casa Blanca.
Para entonces, Amaya se había consolidado como una artista de renombre con una personalidad fascinante y un ingenio agudo. Su baile se dio a conocer como el más atrevido del Flamenco, con constantes improvisaciones y un rápido y traqueteante juego de pies que se convirtió en su marca. Rompió las reglas del flamenco tradicional femenino al añadir elementos “masculinos” y no enfatizar los “femeninos”, como los movimientos del torso superior.
En 1947, a la edad de 34 años, regresó a Europa, actuando en París y Londres, antes de volver a su tierra natal, España, como una leyenda, la más destacada bailarina de Flamenco de su tiempo. Siguió actuando por toda Europa y América Latina durante las dos décadas siguientes. En 1963, la salud de Amaya empezó a declinar. Enferma terminal del riñón, no dejó de actuar hasta que se agotó. El 8 de agosto de 1963, realizó su último baile, desplomándose en medio del espectáculo. Murió tres meses después, a la edad de 50 años. Leer más...


