La escultura de acero inoxidable “Woman of Words” celebra la vida y el legado de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield.
El innovador monumento fue diseñado y esculpido por la célebre escultora neozelandesa Virginia King, que retrató a Mansfield tal y como ella deseaba que el mundo la viera: “escritora primero y mujer después”.
King representó a Mansfield en una escultura de figura femenina de 3,4 metros de altura, a medio paso, con los brazos extendidos y el rostro parcialmente oculto tras una segunda máscara escondida. Todos los aspectos de la estatua hacen referencia a Mansfield. La máscara hace referencia a su carta a Sylvia Payne; las suaves manos remiten a sus primeros años como violonchelista.
Toda la superficie está grabada con láser con cientos de palabras y frases de los diarios, cartas y obras maestras de cuentos de Mansfield.
Al anochecer, unas luces interiores de color ámbar iluminan la escultura y la convierten en un radiante faro en el que resplandecen las siluetas de las palabras, un llamativo símbolo de la voz y el impacto perdurables de Mansfield.
La escultura fue encargada por el Wellington Sculpture Trust, el Ayuntamiento de Wellington y The Katherine Mansfield Society, y fue inaugurada en mayo de 2013 por la Alcaldesa de Wellington, Celia Wade-Brown.
Katherine Mansfield (1888-1923) nació y creció en el seno de una familia socialmente prominente de Wellington. Desde muy joven le gustaba tocar el violonchelo y escribir relatos cortos; algunos llegaron a publicarse en revistas locales. Mansfield se trasladó a Londres para asistir al Queen’s College en 1903 y se centró en la escritura. Mansfield viajó por Europa, vivió una vida poco convencional y dramática, mantuvo relaciones con hombres y mujeres, y escribió y publicó su obra.
Dos acontecimientos importantes en su vida la afectaron profundamente: la muerte de su hermano menor durante la Primera Guerra Mundial y la tuberculosis que contrajo en 1917. Durante sus últimos años, Mansfield viajó por Europa, probó métodos curativos poco convencionales y nunca dejó de escribir.
Falleció en 1923 en Francia, con sólo 34 años. Aunque Mansfield pidió quemar todas sus cartas, diarios y trabajos inéditos, su marido los editó y publicó.
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